Querido Manolo:
Conocerte fue un placer y un privilegio. Eras el amigo, el hermano, el padre, el marido, el jefe… que todos querÃamos tener. Sabemos que allá donde estés disfrutarán de tu compañÃa y se reirán con tus chascarrillos y bromas. Y sabemos que levantarás el ánimo a mas de uno porque siempre tendrás una frase y una sonrisa para hacerlo… como hacÃas con nosotros.
Las personas venimos a este mundo sin manual de instrucciones y deberÃa ser imprescindible. Ahora mismo, seria de un valor incalculable para entender porqué te has ido.
Quizás, en la Biblioteca Nacional pudiéramos encontrar entre tanto y tanto libro incunable, el “porqué “ de tu ausencia…, “por qué“ las personas mágicas, buenas, especiales, se tienen que ir y dejarnos con este hueco en el corazón.
No olvidamos que siempre estabas allà donde hacÃas falta, poniéndote el mundo por montera y dando lo mejor de ti. Y con las mismas ganas y fuerzas que el primer dÃa y sin dejarte achantar… Manolo, sabemos que vas a seguir trabajando por nosotros y con nosotros.
Manolo, te echamos mucho de menos y sabemos que tu a nosotros también. Quisiéramos pedirte que no nos olvides, nosotros no lo haremos. Tu cariño y generosidad nos hacÃan mejores personas…
Quisiéramos pedirte que continúes apoyándonos para resolver los problemas como siempre hacÃas. Porque para nosotros, tu sigues siendo nuestro Patrono, estés donde estés y sabemos que vas a seguir trabajando duro porque sabes que te necesitamos y que vamos a seguir compartiendo todos los momentos contigo.
Las personas como tú, Manolo, no deberÃan irse nunca…, pero lo has hecho.
Tú no nos has dejado, te has ido a otro sitio.
“Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible” (José Luis Borges )
La familia de la Fundación del Lesionado Medular



Tengo el honor de dirigirme a aquellos que le conocieron, aquellos que se sintieron acompañados por Manuel, de su humanidad. Y lo hago, no para deciros lo mucho que le echo de menos, que lo es. Os escribo para reafirmarme en un “”GRACIAS VIA POR TU GENEROSIDAD”. Siendo el más grande, nos has dado tantas lecciones de humildad, de esfuerzo con simpatÃa, de lucha ante la adversidad, eres y serás siempre sinónimo de superación, mi patroncito de los imposibles (San Judas Tadeo, no te enfades). A partir de ahora no tendré porqué asumir lo inevitable. Siempre tendré esa última bala. Te nombraré y te pediré que intercedas por nosotros, por mÃ, que tanto te debo. Y sé que me ayudarás. Como siempre lo darás todo y, una vez más, me harás sentirme bien.